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mayo 14, 2010

La diferencia

Estaban dos viejitos sentados afuera de su casa, viendo pasar el tiempo, cuando de repente la viejita le da un manazo a su esposo. Y le explica:
-Esto es por cincuenta años de mal sexo.
Los dos viejitos vuelven a su contemplación, cuando de repente el viejito se voltea y le mete dos cachetadas guajoloteras a su esposa. Y le explica:
-Eso es por saber la diferencia.

mayo 02, 2010

Tercera edad

La abuela le dice al abuelo:
-Viejito... hazme el amor...
-El abuelo extiende la mano con la palma hacia abajo, y comienza a mover hacia arriba y hacia abajo, alternadamente, los dedos meñique, anular, medio e índice, haciando una especie de ola.
-¿Qué? -Replica la abuela-, ¿acaso me vas a hipnotizar?
-No, pendeja: ¡Escoge!

noviembre 14, 2009

Jane y Tarzán

Estaban Jane y Tarzán en la copa de un árbol, después de su primera noche de pasión de jungla, cuando Jane pregunta a Tarzán:
—Oye, Tarzán, ¿y qué hacías antes de que yo llegara a tu vida?
—Ah, pues iba a una casa de chitas.

octubre 09, 2009

Vía alterna

Dos espermatozoides conversan:
—Oye, ¿y faltará mucho para llegar al óvulo?
—Pues imagínate: Vamos apenas por la tráquea.

junio 25, 2009

¡Un chiste de paraguayos!

Llega un paraguayo a la casa de una señora y toca la puerta. Abre la señora.
—Sí, dígame, caballero.
—Mire, señora... Verá. Yo soy paraguayo y he venido a ver a su hija para hacerle el amor.
—¡¿Para qué?!
—Paraguayo...

junio 01, 2009

Carnitas

Una mañana llega muchacha a un puesto de carnitas y, fumando, le pide al encargado:
—Dos de maciza, por favor.
—Cómo no, en seguida están. ¿Bien escogidita?
—Oh, te vale madre cómo venga, ¿no?

mayo 07, 2009

Preocupación

Hipólito, a sus 87 años, contrata a una prostituta por toda la noche, habiéndose previamente tomando un frasco entero de viagra. En la habitación del hotel completan la primera sesión, e Hipólito le dice a la prostituta:
—Tengo sueño... pero todavía no se acaba, así que sosténmela con las dos manos, y cuando despierte le seguimos.
La prostituta obedece y le sostiene el miembro, que sigue estando erecto, siempre erecto, hasta que el viejo despierta. Y se echan la segunda sesión, al término de la cual Hipólito vuelve a tener sueño, y le hace la misma petición a su acompañante. Al cabo de media hora, Hipólito despierta y se echan una tercera sesión. A Hipólito lo vence nuevamente el sueño y le hace la misma petición a la prostituta. Tras la octava sesión, la prostituta, extrañada, le pregunta a Hipólito:
—Oye, Hipólito... una pregunta. ¿Me pides que te sostenga el miembro para no perder la erección?
—No, para nada... si me tomé un frasco entero de viagra. La erección me durará hasta que amanezca.
—Entonces, ¿por qué me pides que te sostenga el miembro con las dos manos mientras duermes y estás inactivo?
—Ah... para que no me robes la cartera...

Las ventajas del Alzheimer

Hipólito de 87 años se casa con la Tere, de 31, pero llegan a un acuerdo de manera tal que, como él ronca mucho, dormirán en habitaciones distintas, y cuando Hipólito tenga ganas de hacer el amor, toca la puerta del cuarto de la Tere, entra, hace lo que tiene que hacer, y se regresa al suyo. Firman el convenio, celebran la boda y llega la luna de miel. Están cada quien en su habitación, cuando de pronto Hipólito toca la puerta del cuarto de la Tere:
—Oye, Tere... Pues es que tengo ganas de hacer el amor.
Pasa el Hipólito, hace lo que tiene que hacer, y se regresa a su cuarto. A los quince minutos, toca de nuevo en el cuarto de la Tere.
—Oye, Tere... pues es que tengo ganas de hacer cositas...
Sorprendida, Tere lo deja pasar, hacen lo que tienen que hacer, e Hipólito regresa a su habitación. Pero a los diez minutos vuelve a tocar en el cuarto de la Tere:
—Oye, Tere... Pues es que tengo ganas de... tú sabes...
Asombrada la mujer, lo deja pasar. El episodio se repita por cuarta, quinta, sexta... ¡octava vez!, hasta que la Tere le comenta al Hipólito:
—Mira, Hipólito, que de verdad me sorprendes... Fíjate que he conocido hombres que tienen la tercera parte de tu edad, y no aguantan tanto... y tú ya llevas ocho veces. ¿Cómo le haces?
A lo que el Hipólito replica:
—¿Qué, ya había venido?

febrero 23, 2009

Raza superior

Se sube una señora al avión y es conducida por la aeromoza hasta su asiento. La azafata la deja y la señora, al sentarse, se percata de que el hombre que está a su lado lee una revista pornográfica, pero de ésas pasadas, para cuya lectura hay que tener estómago... a las chaves se les ven hasta las tripas... Ofendida, la señora lo impreca:
―¡Pero señor! ¡Cómo es posible que usted, en pleno día, en un vuelo en el que hay niños, esté viendo esas porquerías! Qué barbaridad... ¡Azafata! ¡Azafata!
Llega en eso la azafata:
―Diga usted, señora.
―Quisiera que me cambien de lugar ¡inmediatamente! No quiero estar al lado de este pervertido...
―En seguida buscaremos otro sitio para usted.
Y se va la azafata.
―Qué vergüenza... ―termina la mujer su perorata.
El hombre reacciona, cierra su revista y la guarda.
―Oh, señora, le ruego me disculpe. No me di cuenta de su presencia... Es que estaba yo abstraído en la lectura.
―¿Qué? ¿Pero qué dice usted? ¿Acaso a esas porquerías infamantes les llama usted lectura?
―Por supuesto, señora. Verá... Ocurre que yo soy sexólogo.
―¿Sexólogo? ―pregunta la mujer sintiendo que el hombre se burla de ella― ¿Pero acaso existe una profesión semejante?
―Por supuesto, señora, permítame decirle. Y es, dentro de la medicina, una de los campos más interesantes y respetados, la sexología. Claro que sí.
―Bueno... y me quiere usted decir, ¿qué estudia la sexología?
―Sí... claro... estudia muchas cosas. Estudiamos, por ejemplo, las enfermedades de transmisión sexual, los métodos para prevenirlas y tratarlas, las relaciones de pareja, las zonas erógenas del cuerpo, el comportamiento humano a partir de su instinto sexual... en fin... muchas cosas.
En ese momento regresa la azafata:
―Señora, ya tenemos otro lugar que puede usted ocupar.
―No... gracias... ya no es necesario... todo fue un malentendido. Muchas gracias ―y se retira la aeromoza.
―Por ejemplo ―continúa el hombre―, ¿se ha preguntado usted qué raza es la que tiene el pene más largo?
Llena de curiosidad, la mujer pregunta:
―No... no... nunca me lo había planteado de esa manera.
―Ah. Pues son los árabes.
―¿Los árabes? Oh, pero qué interesante.
―Y se ha preguntado usted, por ejemplo, ¿cuál es la raza que tiene el pene más ancho?
―No... no... nunca me lo había preguntado. Es muy interesante... Y, ¿cuál sería esa raza?
―Ah. Pues son los suecos.
―Los suecos... Oh, pues me ha dejado usted pasmada, señor...
―Doctor... doctor, por favor.
―Oh, disculpe, doctor... doctor...―Doctor Mohammed Johansen... para lo que se le ofrezca.

febrero 04, 2009

Rorschach

Teodomiro Agúndez va al psicólogo a que le practiquen la prueba de personalidad de Rorschach. El psicólogo le presenta, una a una, varias manchas de tinta sobre superficies blancas.
─¿Qué ve usted aquí?
─Veo, doctor... ¡unos senos!
─Ah, muy bien. Y en esta otra, ¿qué ve?
─Veo, doctor... ¡unas nalgas!
─Ajá. Y en esta otra, ¿qué ve usted?
─¡Un pene erecto!
─Veo, veo... y... ¿aquí?
─¡Una vagina abierta!
─Ah... ¿y en esta otra?
─¡Un caballo echándose a un cerdo!
─Muy bien. Señor Agúndez, temo decirle que tiene usted una muy fuerte obsesión con el sexo.
─¿Yo, doctor? ¡Usted y sus dibujos obscenos!

Luna de miel

Dos amigas conversan:
─Amiga, ¿cómo te fue en tu luna de miel?
─Ay, muy bien, amiga, fue un viaje maravilloso.
─Y, ¿adónde fuiste?
─Eh... no me acuerdo.
─¿Cómo que no te acuerdas? ¿Hacía calor, era un lugar templado...?
─No me acuerdo...
─Pero, pero... ¿era un lugar con playa, con costa?
─No me acuerdo.
─¿Alguna iglesia, algún monumento...?
─No me acuerdo...
─Bueno, ¿pues de qué te acuerdas?
─Hm... El techo de la habitación del hotel era rosa.