diciembre 28, 2013

El discípulo shaolín


     Un mexicano decide irse a Japón a estudiar los secretos del Tao. Al llegar, se recluta en el monasterio Zen de Henan y se pone bajo la tutela del más experimentado y riguroso de los maestros shaolín, quien a su vez fue discípulo del célebre maestro Daisetsu Deshimaru.
     Al cabo de un año, el mexicano es el peor de su generación y el único que no se gradúa. Decide intentarlo otra vez y, en la segunda generación, vuelve a ser el de menor rendimiento y no se gradúa. Así le sucede a lo largo de siete años. Harto de no alcanzar el objetivo propuesto, decide ir a hablar directamente con su maestro.
     —Maestro —dice el aprendiz mexicano—, no lo comprendo: Me dedico enteramente al aprendizaje de sus artes, llevo siete años aquí, pongo todo mi empeño y... siempre soy el único que no se gradúa. ¿Qué debo hacer, oh gran sabio, para penetrar en los misterios del Tao?
     El maestro lo observa, extiende su mirada por el horizonte, medita, y finalmente resuelve:
     —¿Has visto cómo en la estación invernal los cerezos pierden su vida y su color y, al llegar el sol de la primavera, retoñan y reverdecen, inflamando el paisaje con su vívido carmín?
     —¡Sí, maestro! —exclama el mexicano, pletórico de entusiasmo—, ¡sí, lo he visto!
     —¿Has visto cómo las garzas extienden su vuelo en el horizonte al atardecer, hasta perderse en el infinito y fundirse con el misterio de lo desconocido?
     —¡Sí, maestro!, ¡sí, lo he visto!
     —¿Has visto cómo, cobijados por el silencio de la noche, se aparean los grillos en la soledad, protegidos sólo por la tenue luz del claro de luna?
     —¡Sí, maestro!, ¡sí, lo he visto!
     —¿Has visto cómo se mecen los campos de arroz, mecidos por el aire de la tarde, extendiendo su murmullo en el firmamento rojizo y purpúreo, mientras se oculta el sol a espaldas del monte Fuji?
     —¡Sí, maestro!, ¡sí, lo he visto!
     —¡Pues por eso no pasas, cabrón, porque te la pasas viendo pendejadas!

septiembre 19, 2013

Tastes funny...


     Estaban dos caníbales comiéndose a un payaso, y en eso, uno le dice al otro:
     Oye, sabe chistoso, ¿no?



julio 21, 2013

Picasso y la justicia


Pablo Picasso vio a un ladrón salir de su estudio con una de sus obras bajo el brazo. En vez de enfrentar al malhechor, el artista se fijó muy bien en él y más tarde reportó el robo a la policía. Un oficial le pidió que hiciera un boceto del sospechoso. Así lo hizo. Basándose en el boceto, la policía arrestó a una madre superiora, al ministro de Finanzas, a un lavarropas y a la Torre Eiffel.

El origen de Los Diez Mandamientos



Dios les preguntó a los griegos:
—¿Ustedes quieren un mandamiento?
Los griegos le preguntaron:
—¿Cuál sería el mandamiento, Señor?
Dios les dijo:
—“No matarás”.
Los griegos contestaron:
—No, gracias. Eso interrumpiría nuestras continuas conquistas.
Entonces Dios les preguntó a los egipcios:
—¿Ustedes quieren un mandamiento?
Los egipcios le preguntaron:
—¿Cuál sería el mandamiento, Señor?
Dios les dijo:
—“No cometerás adulterio”.
Los egipcios contestaron:
—No, gracias. Eso arruinaría nuestros fines de semana.
Dios entonces les preguntó a los sirios:
—¿Ustedes quieren un mandamiento?
Los sirios le preguntaron:
—¿Cuál sería el mandamiento, Señor?
Dios les dijo:
—“No robarás”.
Los sirios contestaron:
—No, gracias. Eso arruinaría nuestra economía.
Y así Dios fue consultando pueblo por pueblo hasta llegar a los judíos, a quienes preguntó:
—¿Ustedes quieren un mandamiento?
Y los judíos le preguntaron:
—¿Cuánto costaría?
Entonces Dios les dijo:
—Sería gratis.
Y los judíos le respondieron:

—¡Entonces mándanos diez!

Superman


¿Qué hace Superman en la Escuela de Artes?

Superformance...

enero 15, 2013

El chamán

Llega un tipo con el chamán y le dice:
     Mire, señor chamán... lo que pasa es que tengo una migraña que no me deja en paz. He ido con médicos de todo el mundo y no se me quita. Por eso he acudido a usted...
     El chamán inspecciona a su paciente, y le recomienda:
     Lo que tiene usted que hacer es darse un baño en agua de rosas, limpiar todo su cuerpo con herbajos de mandrágora y pasarse un huevo por la cabeza. Hágalo todos los días durante dos semanas y regresa a verme.
     Pasan las dos semanas y el hombre cumple al pie de la letra las instrucciones del chamán. Una vez cumplido el plazo, el hombre vuelve con el chamán, y éste le pregunta.
     ¿Cómo se ha sentido? ¿Le sigue doliendo la cabeza?
     No, señor chamán, ya no me duele para nada a cabeza. Ahora lo que me duele es el huevo...