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enero 20, 2012

Lewis Carroll meets Edgar Allan Poe

¿En qué se parecen un cuervo y un escritorio?
En que Edgar Allan Poe escribió sobre ambos...

What do a raven and a desk have in common?
Edgar Allan Poe wrote on both of them...

octubre 07, 2011

El gato de Schrödinger

Schrödinger se iba de vacaciones y le dejó encargada su casa a su gran amigo Günther, en donde vivían su gato y su madre.
—Mira, Günther, te encargo mucho mi casa, mi gato y mi santa señora madre, eh. Me los cuidas mucho, Günther.
—Tú no te preocupes, Schrödinger, disfruta tus vacaciones que yo me hago cargo de todo.
—Bueno, lo dejo todo en tus manos, Günther. Sólo mantenme informado de las novedades. Mira, te dejo la dirección donde puedes localizarme, por cualquier cosa que se ofrezca. Me mandas una carta, un telegrama, lo que sea.
—Está bien, Franz, está bien, pero todo va a estar bien, ya lo verás.
Se va Franz de vacaciones y cuando llega al hotel, se encuentra en la recepción con que tiene ya una carta de Günther. Presuroso corre a su habitación, se instala, abre la carta... y la lee:

"¡Schrödinger, amigo mío! ¡Sucedió una tragedia! ¡Se murió tu gato! Sí, tu gato... ¡caput! Se subió a la azotea y no pude detenerlo; luego quise evitar que se acercara al borde, y no lo alcancé; después quise evitar que se arrojara desde el techo, pero fracasé en mi intento. Finalmente, cuando bajé al patio para rescatarlo, ya no respiraba. ¡Estaba ahí todo... despanzurrado! ¡Qué horrible trageida, Schrödinger! ¡Nunca me perdonaré por esto...!"

Schrödinger, al borde de la convulsión, se desespera, se pone triste, la cabeza le da vueltas, llora, grita, se lamenta, no sabe qué sucede... hasta que, con dificultad, asimila la noticia. Entonces le contesta la carta a Günther en los siguientes términos:

"Günther, es muy triste la noticia que me das y causó en mí un gran impacto. Te pido por favor que seas más cauto en tu forma de darme las noticias, para que me vaya yo previniendo. Por ejemplo, en un telegrma dime: 'Franz, tu gato subióse azotea'; en otro me dices: 'Franz, tu gato acercósa orilla'; en el siguiente, 'Franz, tu gato quiere saltar'; en otro: 'Franz, tu gato saltó azotea'; en otro 'Franz, tu cayó suelo'. Y en el último: 'Franz, imposible salvar vida gato. Condolencias'. Así, poco a poco, para que me vaya yo preparando. ¡Pero no me des tan bruscamente esas noticias tan tremendas".

Al cabo de un par de días, Franz recibe un telegrama de Günther, que dice: "Franz, tu madre subióse azotea"...

diciembre 06, 2010

En el establo

¿Qué hace una vaca encima de un caballo?

Vacabalgando...

diciembre 01, 2010

Crawl

Un señor pidé un café en el restaurante después de haber allí comido. El mesero se lo sirve y el comensal, a punto de dar el primer sorbo, ve una mosca nadando en su bebida. Le hace una seña al mesero, y éste acude a la mesa. El comensal, indignado, increpa así al mesero:
―¡¿Me quiere usted decir qué es esto?!
El mesero se asoma a la taza y responde:
―Es estilo mariposa.

agosto 28, 2010

Lana virgen

¿De dónde se obtiene la lana virgen?
De las ovejas feas.

abril 22, 2010

Una tortuga en el cine

Teodomiro Agúndez estaba aburrido, con su tortuga , hasta que se le ocurre ir al cine a ver una película. Pero como no quiere dejar sola a su mascota, la lleva. Al llegar a la taquilla, le dice al joven de la ventanilla:
-Dos para "Bastardos sin gloria", por favor.
-Caballero, me disculpa, pero aquí no está permitido entrar con animales.
Contrariado, Agúndez se vuelve a su casa. Horas más tarde se le ocurre una idea genial: se esconderá la tortuga en el pantalón, y cuando haya logrado entrar al cine, se abrirá la bragueta para que el quelonio pueda ver la película.
Eso hace y se encuentra nuevamente en la taquilla.
-Uno para "Bastardos sin gloria", por favor -dice nervioso.
Le expenden el boleto y entra. La sala está llena y Agúndez sólo encuentra un lugar al lado de una pareja; a su derecha, la mujer. Cuando nadie lo ve, Agúndez se baja la bragueta y saca la tortuga. Inquieta, la mujer que está a su lado le habla a su novio:
-Amor, el tipo que está a mi lado se abrió la bragueta y se le sale el pito.
-Mi vida -trata de calmarla el hombre, que sabe que la sala está llena-, a cualquiera le puede pasar que se le abra la bragueta y no se dé cuenta, y que se le salga por accidente el pito. Solamente no le hagas caso, no lo veas, y ya.
-Bueno... el problema es que su pito se está comiendo mis palomitas...

abril 19, 2010

El ciempiés

Era un ciempiés que se tropezó, y se tropezó, y se tropezó, y se tropezó, y se tropezó, y...

diciembre 15, 2009

Navideño

La víspera de Navidad, Teodomiro Agúndez recibe la siguiente orden de su esposa:
-¡Teófilo! Este año no quiero cenar pavo. Quiero cenar conejo con caracoles.
-¿Conejo con caracoles? -Replica el otro-. ¿Y de dónde quieres que saque a esta hora unos caracoles?
-Ah, no sé... Ése es muy tu problema. Tú eres el proveedor de la casa, ¿no? Anda, pues ve y provéeme de unos caracoles.
-Caracoles a esta hora... Y en Navidad...
-Ándate para el Mercado de San Juan... Ese nunca cierra. ¡Nunca!
La discusión siguió más o menos así durante un rato, hasta que el Agúndez va al mercado, encuentra los benditos caracoles, vivos, y los compra. De recreso a su casa pasa por la célebre cantina "Las quince letras", y unis amigos lo ven:
-¡Agúndez! -le gritan-, ¿adónde?
-A mi casa, mano. Mi mujer me mandó a comprar caracoles para la cena.
-Uy, y que vas de mandilón. Anda, échate unos chupes con nosotros.
-No, que tengo que llegar.
-Unos tragos y mira, contigo somos cuatro y nos echamos el dominó...
La discusión siguió más o menos así durante un rato, hasta que Agúndez cede y entra a la cantina. Horas después se dio cuenta de que se le hizo tarde, se excusó rápidamente, dejó pagado su consumo, agarró la bolsa de caracoles y corrió a su casa como desesperado. Cuando llegó a la puerta de su casa, se dijo lo siguiente:
-En la madre... mi mujer ora sí me va a matar... Ve nada más la hora, y yo apenas llego con los caracoles, pero...
En eso estaba Agúndez cuando una brillante idea lo deslumbró.
Sacó entonces los caracoles de la bolsa, los puso en el suelo, afuera de su casa y los dejó a que medio reaccionaran. Entre tanto, se quitó el cinturón, tocó el timbre de su casa y cuando los caracoles empezaron a sacar sus cabezas de sus caparazones, cuando su mujer abrió la puerta y vio aquello, él exclamaba, azotando su cinturón contra el suelo:
-¡Órale, cabrones! ¡Apúrenle! ¡Muévanse y rápidito! ¡¿Qué no ven que ya pasan de las once?! ¡Órale...! ¡Aprieten el paso...!

octubre 09, 2009

Contrabando

Una pareja va a viajar a Estados Unidos, y quiere llevarse también a su mascota, que es un zorrillo, pero no está autorizado en la aduana, y discuten de la siguiente manera:
—Mira, vieja, pos’ mételo en una maleta y ya estuvo.
—¿En una maleta? ¡Pero cómo se te ocurre! Va a dejar la ropa toda maloliente y además mordisqueada... No, no, no... ahí no...
—Bueno, pues en el maletín, entonces.
—¿Pero cómo que en el maletín? Se va a asfixiar el animal, si apenas cabe nada ahí, y además el viaje es muy largo, ¿qué crees que va a comer? No, ahí no.
—Bueno... pues entonces ahí entre las bolsas que llevamos sueltas.
—¡Menos! Ahí se va a asomar y va a dar una lata y una movedera que todos se van a dar cuenta... No, ¿cómo se te ocurre?
—Mira, vieja... pues entonces no va a quedar de otra, y te vas a tener que esconder al zorrillo entre tus faldas.
—Pero ahora sí que te volviste loco... ¿Cómo crees que lo voy a esconder ahí? ¡Si está muy cochino y muy apestoso!
—¡Ah, pues que se aguante el animal!

El burro que era carro

Un hombre tenía un burro pero lo hacía como si fuera carro. Iba el hombre por el campo montando a su burro, cuando de repente el animal se para.
“Ah jijo... ¿qué tendrá el carro?”, dice el hombre, que se baja a revisarlo y le tantea los dientes. No, pues la defensa no es”, dice, y le tantea los ojos. “Los faros tampoco”, dice, y le revisa los cascos. “Las llantas están bien”, dice, y procede a chocarle el rabo. “El escape está bien”, dice, “y le puse gasolina hace rato”, añade, recordando que le dio de comer al burro.
De repente el hombre se agacha, mira por debajo del burro y exclama:
—¡Ah, ya sé lo que le pasa! Se le zafó la flecha...

agosto 10, 2009

Next...

Llegan dos pollitos a un restaurante, se sientan, y el mesero les da la carta. En eso, uno de los pollitos dice:
—Pío.
Y el otro le contesta:
—Pues píe.

junio 25, 2009

Enanitos

Van los siete enanitos en procesión porque tienen audiencia con el papa. Van en hilera hasta que llegan al Vaticano. Ya en la antesala de las oficinas del papa, un obispo les atiende, y les dice que sólo uno de ellos puede pasar con Su Santidad.
—¿A quién mandamos ?¿A quién mandamos? —Se preguntan los enanitos.
—¡Pues a Tintín! —dice Perezoso, y todos están de acuerdo.
Pasa entonces Tontín con el papa, y los demás se quedan detrás de la puerta, escuchando. Tontín, ante el papa, le pregunta:
—Disculpe, Su Santidad... ¿hay monjas enanas?
—¿Monjas enanas? No, Tontín; no hay monjas enanas.
—Oh...
Entonces los otros seis enanitos se empiezan a morir de risa:
—¡Ja ja ja ja ja ja ja! ¡Tontín se cogió a un pingüino! ¡Ja ja ja ja ja ja!

In the jungle, the quiet jungle...

Va corriendo el conejo por la selva y en su camino se encuentra a la jirafa echándose un carrujo de mota. Entonces se dirige a ella de esta manera:
—¡Jirafa, deja esa mariguana y vente a correr conmigo!
La jirafa, convencida, deja el cigarro y corre detrás del conejo. Al poco tiempo se encuentran al chango inyectándose heroína. El conejo le dice:
—¡Chango, deja esa heroína y vente a correr con nosotros!
Convencido, el chango tira la jeringa y se pone a correr con el conejo y la jirafa. Al poco, se encuentran al tigre con unas tachas. El conejo le dice:
—¡Tigre, deja esas tachas y vente a correr con nosotros!
El tigre, convencido, los sigue. Al poco se encuentran al rinoceronte consumiendo LSD. El conejo le dice:
—¡Rinoceronte, deja ese ácido y vente a correr con nosotros!
El rinoceronte le hace caso y sigue al resto de los animales. Al poco se encuentran al jaguar consumiendo hongos. El conejo le dice:
—¡Jaguar, deja esos hongos y vente a correr con nosotros!
El jaguar se ve convencido y se va corriendo con toda la caravana de animales. Al poco tiempo se encuentran al cocodrilo aspirando cocaína. El conejo le dice:
—¡Cocodrilo, deja esa cocaína y vente a correr con nosotros!
El cocodrilo les hace caso y va detrás de ellos. Entonces se topan con el león, que está chemeándose. El conejo le dice:
—¡León, deja ese cemento y vente a correr con nosotros!
Entonces el león agarra al conejo con una de sus zarpas, lo araña, lo azota contre el suelo, lo golpea con un árbol, lo muerde... total que lo deja tumefacto y semi inconsciente. La jirafa, entonces, le reclama al león:
—¡León, ¿qué te pasa?! ¡No ves que el conejo se preocupa por nuestra salud!
—Pinche conejo —dice el león—, se mete éxtasis y nos pone a correr a todos...

My kingdom for a horse! II

Llega un caballo en la cantina, y se acerca a la barra ante la mirada atónita de todos. Llama al cantinero y le dice:
—Cantinero, déme una cerveza por favor.
El cantinero, asombrado, se la sirve. El caballo se la bebe, y dice:
—Muchas gracias. ¿Me sirve otra, por favor?
El cantinero se la sirve. El caballo bebe, y dice.
—Muchas gracias —y se va.
Los parroquianos, que habían guardado absoluto silencio, comienzan a hablar. Uno le dice a otro:
—Oiga, compadre... ¿vio eso?
—¡Sí, compadre! ¡Se fue sin pagar!

junio 04, 2009

Sana, sana...

Llega un hombre al doctor con una rana en la cabeza. Entonces el doctor le pregunta:
-Caballero, ¿en qué puedo ayudarle?
Entonces, la rana contesta:
-¡No, doctor! ¡Si la del problema soy yo! ¿No ve que tengo almo-hombres?

mayo 07, 2009

Los premios

El joven matrimonio quería un perro, lo compran, y resulta que el can ronca. Al cabo de unas noches de no poder dormir, la mujer va al veterinario en busca de una solución. Le explica al médico el problema y éste emite la siguiente recomendación:
—Verá, señora... sí existe una solución... drástica, pero efectiva. Lo que tiene que hacer usted es atar al miembro del perro una correa, una cinta o un listón... de modo que cuando el perro ronque, usted lo jale, y apenas lo haga el perro se callará.
Atendiendo la mujer a las recomendaciones clínicas, va a la mercería y compra dos metros de listón... ¡y rojo!, para que no se le pierda. Esa misma noche, antes de dormir, ata un pedazo del listón rojo al miembro del perro. Su marido aún no ha llegado a casa. No pasa mucho tiempo cuando el perro comienza a dormirse, y ronca... la mujer entonces tira del listón y el perro, en automático, se calla y sigue durmiendo. Pocos minutos después llega el marido, que quién sabe dónde anduvo, y se duerme. Y empieza a roncar. La mujer, como es previsible, ata lo que le queda de listón al miembro de su marido, lo jala, y éste también se calla y sigue durmiendo. Y santo remedio. Pero a eso de las cuatro de la madrugada, al marido le dan ganas de ir al baño, y se levanta. El perro lo huele y, fiel, lo sigue hasta el baño. Ahí el hombre enciende la luz y cuando va a orinar descubre que tiene atado a su miembro un listón rojo. Extrañado, se dirige a su perro:
—Mira, Sultán, pero qué...
Y al dirigirse a él, descubre que su perro también tiene atado al miembro un listón rojo.
—Ah caray... pues quién sabe qué hicimos tú y yo esta noche, Sultán, pero nos llevamos el primer lugar...

marzo 25, 2009

Vacas locas

El hatajo de vacas bebía al pie de un arroyo en el condado de Essex, cuando una le pregunta a su compañera:
―Oye, ¿y tú no tienes miedo de la enfermedad de las vacas locas?
Aquélla contesta:
―¿Y yo por qué... si soy cocodrilo?

febrero 09, 2009

Dumbo

¿Cuál es el colmo de los elefantes?
No tienen colmos. Tienen colmillos.

My kingdom for a horse!

Entra un caballo a la cantina, y le pregunta el cantinero:
―¿Qué pasó, amigo? ¿Por qué esa cara tan larga?

El Calacas & friends

Están en un cuarto el Calacas, limpiándose las uñas con su faca, y sus amigos, aburridos. Los cuates del Calacas: Un pirómano, un zoofílico y un masoquista. De pronto, por una rendija mal reparada, entra un gato, y se hace el silencio. Se ven unos a otros.
Dice el zoofílico.
―¡Ya sé! Nos cogemos al gato.
Dice el pirómano:
―Y luego le prendemos fuego.
Dice el Calacas:
―Y luego lo torturamos.
Dice el masoquista:
―Miau...