Mostrando entradas con la etiqueta Locos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Locos. Mostrar todas las entradas
agosto 17, 2012
La canasta
En el jardín del manicomio se pasea un loco con una canasta vacía. A él se acerca otro loco y le pregunta:
―Oye, ¿qué llevas ahí en esa canasta?
―Si adivinas, te doy un ramo.
―Ah... ¡Croquetas!
junio 08, 2010
La cuerda
Dos locos conversan en el manicomio:
—Oye, Teodomiro.
—Dime, Eufemio.
—¿Y tú estás casado?
—¿Yo? Sí... yo estoy casado.
—Ah... ¿con una loca?
—No: con una cuerda.
—Ah. ¿Y dónde vive?
—En una guitarra...
—Oye, Teodomiro.
—Dime, Eufemio.
—¿Y tú estás casado?
—¿Yo? Sí... yo estoy casado.
—Ah... ¿con una loca?
—No: con una cuerda.
—Ah. ¿Y dónde vive?
—En una guitarra...
junio 01, 2009
Los hombres del maíz
Un hombre llevaba 16 años internado en un manicomio porque se creía un grano de maíz. Luego de numerosas terapias, varias de ellas experimentales, el hombre parece sanar y tiene una última entrevista con el director del manicomio, para verificar su estado de salud mental.
—Veamos, señor Teodomiro Agúndez. ¿Qué es usted?
—Yo soy un hombre, doctor.
—¿No es usted un grano de maíz?
—No, doctor, para nada... No sé cómo llegué a creer eso.
—Ya ve. Los caminos de la locura son infinitos. Pero de cualquier modo, nos alegra que usted se haya recuperado gracias a nuestros tratamientos. Tenga usted su carta de liberación. Puede reincorporarse a la sociedad.
Agúndez va a su cuarto, hace sus maletas, le hacen una breve fiesta de despedida y sale a la calle. No pasa treinta segundos fuera del manicomio, cuando regresa.
—¡La puerta, la puerta! ¡Por favor, por el amor de Dioz, ábranme la puerta! ¡Una gallina, una gallina! ¡Allá afuera hay una gallina! ¡Ayúdenme... una gallina!
Alarmados los asistentes, le abren la puerta y Agúndez corre por los pasillos del manicomio hasta que entra de regreso a la oficina del director, gritando:
—¡Una gallina, una gallina!
—A ver, a ver... cálmese, Agúndez. ¿No habíamos quedado en que usted era un hombre y no un grano de maíz?
—Sí, doctor... Eso no es problema. Yo sé perfectamente que soy un hombre y no un grano de maíz. Pero... ¿lo sabrá la gallina?
—Veamos, señor Teodomiro Agúndez. ¿Qué es usted?
—Yo soy un hombre, doctor.
—¿No es usted un grano de maíz?
—No, doctor, para nada... No sé cómo llegué a creer eso.
—Ya ve. Los caminos de la locura son infinitos. Pero de cualquier modo, nos alegra que usted se haya recuperado gracias a nuestros tratamientos. Tenga usted su carta de liberación. Puede reincorporarse a la sociedad.
Agúndez va a su cuarto, hace sus maletas, le hacen una breve fiesta de despedida y sale a la calle. No pasa treinta segundos fuera del manicomio, cuando regresa.
—¡La puerta, la puerta! ¡Por favor, por el amor de Dioz, ábranme la puerta! ¡Una gallina, una gallina! ¡Allá afuera hay una gallina! ¡Ayúdenme... una gallina!
Alarmados los asistentes, le abren la puerta y Agúndez corre por los pasillos del manicomio hasta que entra de regreso a la oficina del director, gritando:
—¡Una gallina, una gallina!
—A ver, a ver... cálmese, Agúndez. ¿No habíamos quedado en que usted era un hombre y no un grano de maíz?
—Sí, doctor... Eso no es problema. Yo sé perfectamente que soy un hombre y no un grano de maíz. Pero... ¿lo sabrá la gallina?
marzo 25, 2009
Vacas locas
El hatajo de vacas bebía al pie de un arroyo en el condado de Essex, cuando una le pregunta a su compañera:
―Oye, ¿y tú no tienes miedo de la enfermedad de las vacas locas?
Aquélla contesta:
―¿Y yo por qué... si soy cocodrilo?
―Oye, ¿y tú no tienes miedo de la enfermedad de las vacas locas?
Aquélla contesta:
―¿Y yo por qué... si soy cocodrilo?
febrero 04, 2009
Sentido contrario
El sujeto va en su auto cuando escucha el siguiente reporte policial radiofónico:
─Un peligroso loco acaba de escapar del manicomio estatal, de modo que rogamos a todos los conductores que tengan mucho cuidado, pues este peligroso maniaco suele conducir en sentido contrario...
El radioescucha al volante ve hacia enfrente, y deduce:
─Ah, ¡pues todos están locos!
─Un peligroso loco acaba de escapar del manicomio estatal, de modo que rogamos a todos los conductores que tengan mucho cuidado, pues este peligroso maniaco suele conducir en sentido contrario...
El radioescucha al volante ve hacia enfrente, y deduce:
─Ah, ¡pues todos están locos!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)